Egipto apuesta por un foro regional sobre el conflicto sirio que incluya a Irán

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La diplomacia egipcia está trabajando activamente para crear un grupo de contacto que busque soluciones a la crisis siria y en el que estén incluidas por primera vez las cuatro mayores potencias de Oriente Medio: Turquía, Arabia Saudita, Egipto e Irán. La propuesta de El Cairo llega en un momento en el que, tras el fracaso de los planes de la ONU y la Liga Árabe, la vía para una salida política al conflicto parece obstruida.

La iniciativa fue lanzada por el presidente egipcio, Mohamed Morsi, en la cumbre de la Organización de Estados Islámicos celebrada en La Meca hace un par de semanas. En caso de llevarse a cabo, sería el primer foro específico para abordar la crisis siria que incluiría a la vez los principales aliados y detractores del régimen de Bachar el Asad. El Grupo de Amigos de Siria, patrocinado por Washington, está formado solo por países occidentales y a sus aliados regionales. Irán, por su parte, convocó una conferencia en Teherán el pasado 9 de agosto que fue boicoteada por la mayoría de Estados árabes.

“Irán podría ser parte de la solución, y no parte del problema. Si se quiere resolver un problema, se necesita reunir a todas las partes que tienen un influencia real en el asunto”, declaró Yáser Alí, el portavoz del presidente Morsi en una rueda de prensa dedicada a exponer la política exterior del nuevo ejecutivo.

Según fuentes del ministerio de Exteriores, Mohamed Kamel Amru, el jefe de la diplomacia egipcia, ya ha contactado con sus homólogos de estos tres países para presentarles la propuesta. De momento, responsables de las cancillerías de Turquía e Irán se han manifestado públicamente a favor de la iniciativa. En cambio, no hay aún reacción de Arabia Saudita, el país que ya se preveía a priori más reticente a participar en el grupo de contacto, pues se encuentra perfectamente alineado con la política de EEUU de aislar al régimen iraní, su gran rival en el golfo Pérsico.

Según los expertos, el plan de Morsi se inscribe dentro del giro que pretende imprimir el flamante rais islamista a la política exterior del gigante árabe. “Uno de los objetivos del nuevo gobierno pasa por recuperar el estatus de Egipto a nivel regional e internacional, después de que esta se viera minada por su seguidismo de Washington durante la era Mubarak”, explica a EL PAÍS Ahmed Kandil, un analista del Centro de Estudios Estratégicos Al Ahram.

Precisamente, el conflicto sirio ocupará un lugar destacado en la agenda del presidente Morsi en China, donde hoy inicia una visita de tres días junto a siete ministros, y 70 empresarios. Posteriormente, se dirigirá a Teherán para asistir a la cumbre de los Países No Alineados, primer viaje de un presidente egipcio a Irán después de más de 30 años. Su siguiente desplazamiento internacional será el 24 de septiembre a Nueva York para acudir a la cumbre anual de la ONU.

“El nuevo gobierno no pretende sellar una nueva alianza con Teherán, ni formar parte de ningún eje regional, sino marcar una política exterior independiente”, apunta Kandil, que considera que este posicionamiento puede permitir a Egipto jugar un papel de intermediario entre los dos bloques regionales. Sin embargo, Morsi, que pertenece a los Hermanos Musulmanes, no es complementamente neutral, pues ha pedido públicamente la dimisión de Bachar el Asad.

Por otro lado, el portavoz de Morsi dio ayer a conocer los integrantes del equipo asesores presidenciales, y que incluye a Samir Morcos, un intelectual cristiano copto, Pakinam al-Sharkaui, una catedrática de Ciencias Políticas, Emad Abdel-Ghafour, líder del partido salafista al-Nur, y Esam Ahmed al-Hadad, un dirigente de la Hermandad. Además, Morsi cuenta con un vice presidente, el juez reformista Mahmud Mekki.

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