La Negra toma fuerza en Arévalo

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«Es una vergüenza, parece que hemos vuelto a los años de Franco», recalca Jonathan Buenosvinos. Nació en 1984 pero habla de la dictadura como si la hubiera vivido. «Va a acabar con una desgracia», advierte. «Díselo al Sudelegado del Gobierno y a la Guardia Civil».

La columna marcha a cinco kilómetros por hora. La Negra, «nuestra selección», como dijo el hombre de Medina del Campo, no se entretiene en mirar el paisaje, monótono y recién cosechado. «Me pongo a mirar para abajo y si puedo, echo un sueño», confiesa Óscar Valle, un minero recio, nacido en Candanedo, a punto de ser padre. «¡Suerte!», grita otro conductor. «Ya tenemos lo que necesitamos, que son fuerzas», contesta Sergio Pérez Cruz, el minero tuitero.

La Marcha Negra ha cambiado su vida con @tuamigor1. «Yo desconfiaba de primeras, porque soy así, pero mi novia, Nuria, me dijo: Ya verás como te encuentras gente buena». Y desde entonces no ha parado. Tiene 222 contactos en su cuenta de Twitter en la que se presenta «orgulloso de ser minero».

A su lado lleva a Óscar, un compañero de escuela de la infancia en La Robla, al que perdió la pista como a tantos y un día se lo encontró en La Vasco. De pequeños se pegaban. «Dicen que yo era muy bruto, pero no me acuerdo», admite Sergio. Ahora hacen piña.

Las parejas se apoyan en la Marcha Negra. Revólver e Ignacio Miró también andan juntos desde que iniciaron la caminata en Villablino con los compañeros de Laciana. Picador y ayudante de picador en La Vasco. Muchas veces trabajan juntos.

Revólver es el bisnieto de Revólver, el que tuvo 23 hijos y su mujer se hizo comadrona. Se llamaba Juan, igual que el bisnieto y el hijo y nieto. Igual que él todos fueron mineros. Juan Manuel Menéndez lleva 21 años en la mina, es asturiano, pero vive desde hace más de 15 años en La Pola de Gordón. «Antiguamente se jugaba a las cartas y él tenía un revólver; cuando jugaba lo ponía encima de la mesa», cuenta.

«Esto se hereda», dice Miró, también hijo y nieto de minero. Pero la herencia está en juego y ellos caminan a Madrid a defenderla. Van los que van. A la marcha y a los cortes. Hay otros que se quedan en casa. De ellos se acordaba ayer Javi Corés, de Laciana. «En 2010 vi más apoyo por parte de los compañeros», lamenta. En cambio, en algunas familias luchan dos y hasta tres por todos los demás. Su hermano, Miguel Ángel Corés, tuvo que darse la vuelta tras el accidente que sufrió su esposa Bárbara, que regresaba de visitar a la columna minera en Medina del Campo.

La Negra no está sola y cada día tiene más color. El púrpura de León, el blanquiazul y rojo del Bierzo, el azul de Asturias, el morado de Palencia. Y, desde ayer, la blanca con el escudo de Laciana. «¿Pa qué es ésto?», vocea uno desde un coche negro. «¿Vendrá del extranjero?», se ríen los mineros. Pues la BBC ya está en la Marcha Negra y el intrépido Inigo Gilmore, un freelance que va de guerra en guerra y aterrizó en Asturias para cubrir la Marcha Negra. «La vida es la guerra», sentencia.

En Arévalo saben que viene La Negra. «Ya vino hace cuatro o cinco años», recuerda, con muy poca exactitud Juana Bragado. En realidad fue hace 20 años. Doroteo Ortiz, jardinero del Ayuntamiento, se ha sentado a esperarla. «Pon que el pueblo de Arévalo se solidariza con las minas de España, aunque me ha llegado una multa de la ORA de León y lo cojonudo es que no lo conozco», comenta.

El hombre, sin que nadie le pregunte, expone sus argumentos al ministro Soria. «El carbón nacional no será de buena calidad, pero también nos están trayendo los chinos todos sus plásticos. Nosotros pagamos por reciclar el plástico y ellos ganan dinero». Y empieza el debate sobre los que votaron al PP y la inutilidad de la clase política.

«Si se enteran estos que yo voté al PP, me linchan», dice un minero que prefiere permanecer en el anonimato. «Ahora nadie votó al PP», ironiza. Las sombras de los pinares también quedan lejos de la autovía. Los mineros pisan carbón ardiendo para defender el carbón en Madrid. Y llevan los pies con bonchas y heridas. La tendinitis de tibia hace su agosto.

El progreso es incapaz de proteger a los mineros de los 30 grados cuyo efecto calorífico se multiplica en el asfalto. Que se lo pregunten a la alcaldesa de Villablino. Ana Luisa Durán, que compartió la primera parte de la caminata con los mineros. «He oído que el ADN de los mineros es distinto y va a ser verdad», comenta.

Está de acuerdo con Morano. «Todos los conflictos tienen una solución. Pero está claro que se tiene que poner al frente Rajoy, Soria tiene que irse». Ella también va camino de Madrid. Seguirá en coche. Ver caras conocidas anima a los mineros. De Asturias vienen todos los días y de León se han empezado a animar. «Nuestra alcaldesa siempre ha estado con nosotros», afirma Miguel Sobral.

Una sola parada para comer un poco y tomar impulso con fruta, empanada, tortilla y parrochinas y tres avituallamientos para hidratarse y nutrirse con chocolate y galletas sin detener la marcha. En seis horas han concluido la décimo tercera etapa. «Ya llegamos», exclama un minero. Aún les quedan dos kilómetros para llegar a los pabellones deportivos donde se alojan por gentileza del municipio que gobierna el PP por goleada. Vidal Galicia tiene 10 concejales de 13. Se declara solidario con la causa minera, pero no «voy a entrar en el fondo».

A los pies de la ermita de La Virgen del Camino una comitiva recibe a los mineros aArévalo. La Caminanta, puerta de entrada a la villa, los abraza. Falta les hace después de 38 kilómetros de sudor, dolor y soledad en la autovía del Noroeste, ajena a los pueblos abulenses de San Vicente del Palacio, Ataquines y otros que no vienen ni en el mapa. «Lo váis a conseguir, lo váis a conseguir», insiste una mujer. «Que la oigan», contestan. Para ellos «el carbón significa todo: trabajo, familias, comarcas», afirma Carlos Andres Díez Páramo, leonés que vive en Laciana y trabaja en Asturias. Y advierte: «Todo esto también es para el empresario». Cierto. También para los empresarios.

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