La Vega está sembrada de mineros

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«¡Soy minero! Yo estuve en La Camocha!». El hombre, con bigote y peinando canas, no va en la III Marcha Negra. Grita a los mineros al otro lado de la n-630, en Villaquejida: «Ánimo. No decaigáis que la victoria es nuestra», alcanza a decirles después de soltar un repertorio de insultos a la clase política: «¡Son todos unos sinvergüenzas!», concluye aplaudido por los mineros. Un asturiano cruza y se funde con él en un abrazo.

La III Marcha Negra sembró ayer de mineros la margen derecha de la Vega del Esla, entre Villamañán y Cimanes de la Vega, a lo largo de 24 kilómetros y cinco horas a paso ligero, con sólo un cuarto de hora de respiro, muy cerca de Toral de los Guzmanes.

Fue un jueves muy verde para la columna carbonera, que enfila el camino a Madrid con el propósito de salvar las minas y sus puestos de trabajo. «Somos los mártires del carbón y luchamos porque si no en este país sólo van a quedar dos clases sociales», afirma El Cordobés, de La Vasco.

A los mineros les dieron los buenos días las tierras engalanadas de verde por el Canal del Esla, la Ría, que a su paso por estas tierras riega los cultivos de maíz y alfalfa de Villamañán hasta más allá de Benavente.

Como era el jueves verde, jornada de reivindicación en la escuela pública por ser el último de mes, un grupo de maestras del CRA Vega del Esla salieron a recibir a los mineros. «Nos sentimos muy identificadas con su lucha porque su trabajo también repercute en el nuestro: hay muchas escuelas en las cuencas mineras que se nutren de sus hijos e hijas», aseguraban Maite Morán, Maite Miguélez y Encarna Rodríguez luciendo la camiseta verde en defensa de la escuela pública. Su compañera Eva Díez García eligió la negra en defensa del carbón: «Mi marido es minero, aunque no va en la marcha», explica la maestra.

Maite Morán recuerda que su primer destino de maestra lo tuvo en El Entrego, en el colegio El Esquín. «Yo soy del pozo la Canción de El Entrego», le dice uno de los asturianos. Las maestras saludaron efusivamente a Francisco Rodríguez Suárez, de Matallana de Torío, que ayer cambió su funda por una camiseta verde en defensa de la escuela pública. Es amigo de Maite Miguélez. «Los maestros también lo están pasando mal. Tenemos que apoyarnos entre todos los colectivos», comentó el minero de La Vasco.

Los vínculos entre la Vega y la mina no son de ayer para hoy. Ni un prodigio. Tienen su explicación. A estas tierras extrañas para los ojos de muchos bercianos, lacianiegos y del norte de León vienen a secarse los asturianos desde principios del siglo XX. «Casi todas las casas que se venden por aquí son de asturianos jubilados de la mina, que tienen problemas de huesos y respiratorios y les va bien este clima», asegura la alcaldesa de Villamandos, Susana Cachón.

La columna carbonera vivió ayer un ‘jueves verdinegro’ de solidaridad entre enseñantes y mineros . . La margen derecha del Esla, ganadera y labradora, abraza a las cuencas de León, Asturias y Palencia .

«Indisciplinados son los que no cumplen»

 

«Y es una tierra que acoge muy bien a la gente de fuera», apostilla una de las concejalas, Margarita Méndez. Lo dice por experiencia. Ella es de Cangas de Narcea, hija de minero y casada con un minero. Su vida ha transcurrido entre la mina asturiana y la de Laciana, donde se prejubiló su esposo. Ahora viven en Villamandos. Su cuñado, Albano Gonçalves, forma parte de la columna minera.

«¡Ánimo mineros!», repite la gente con un pie en la puerta de casa y otro en la carretera. Demetria Borbujo tiene muy claro que hay que apoyar a estos hombres y mujeres que caminan en lucha por su trabajo. «A ver, son igual que los labradores: ellos con más paga y nosotros con menos; ellos se jubilan más jóvenes con buenas pagas y nosotros más tarde…»

La Vega fue una sorpresa para los mineros acostumbrados a las montañinas, que todavía acarician sus espaldas acaloradas desde el norte cada vez más distante. «Esto aún está verde, ya verás más adelante lo que nos encontramos», advierte Simón Sevilla.

Ya se sabe que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Y ayer vinieron desde Bembibre 800 casadiellas caseras que un grupo de mujeres y hombres repartieron entre los caminantes del carbón. Abunda la solidaridad anónima.

Los mineros van rumbo el sur pero se sienten «cerca de casa todavía», afirma Jesús Ignacio López, de Ciñera, con su bandera de León ondeando entre el cielo y el asfalto. Cinco purpuradas acompañan esta mañana a la marcha encabezada por los mineros del Bierzo. «Y más que tenemos en las mochilas», aclara. Y les tratan como si fueran de casa: «Hala hijo, ¿no te dieron un sombrero?», vocea una mujer mayor a un minero con la cabeza descubierta.

«No sabía que íbamos a despertar tanto interés en esta zona de campo», admite el marchista Julián Colmenero, de La Robla, hijo de minero que emigró de Cárceres a trabajar en las minas. «Mi padre también era de Extremadura», agrega El Sevi.

Los mineros cubrieron ayer la séptima etapa de la III Marcha Negra con más tiempo para el descanso en el pabellón de Cimanes de la Vega. Al mediodía entraron en el pueblo aplaudidos por la gente. El alcalde, Dionisio Zamora, también salió a recibir a la columna verdinegra.

El municipio, el último de León antes de entrar en Zamora, aportó a la marcha 500 euros y 800 barras de pan además del alojamiento en el pabellón municipal. «Pobrescicos, que tengan suerte y a ver si sacan algo», dice una mujer compasivamente mientras el desfile se pierde en la calle. «Hace falta que Rajoy nos haga caso, si no que se prepare cuando pase a Porto Novo», afirma Ángel Ponte Prejigueiro, secundado por sus compañeros del Bierzo Miguel García España, de Quintana de Fuseros, y José Rodríguez Crespo. ¿Hará falta que la Virgen de la Vega eche una mano a Santa Bárbara bendita?

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