El tipo del bono español a 10 años alcanza su máximo desde que existe el euro

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El mercado de deuda soberana cree que aún hay demasiados riesgos y que el final del túnel está aún lejos de vislumbrarse, a pesar de que Europa está preparada para rescatar los bancos españoles con hasta 100.000 millones de euros. Por eso, la prima de riesgo (diferencial de rendimiento que los inversores exigen al bono a 10 años respecto al alemán), ha mantenido una escalada que se ha acentuado por la tarde, cuando ha llegado a tocar los 543 puntos básicos, 23 por encima del nivel en que terminó la sesión de ayer. A los inversores no les gusta la deuda española y por eso hoy han exigido el máximo tipo de interés desde que entró en vigor la moneda única a los bonos a 10 años: un 6,8%, con lo que se supera el anterior récord, alcanzado el pasado 17 de noviembre en 6,781%.

La Bolsa española, sin embargo, aunque con moderado escepticismo, parece valorar en alguna medida la inyección de fondos que recibirán los bancos españoles, el sector que más pesa en el Ibex, principal índice del mercado español. Tras una apertura a la baja, el Ibex ha sido capaz de eludir la tensión del mercado de deuda y ha mantenido una pequeña ganancia, inferior al 1%, durante buena parte de la jornada.

A una hora del cierre, sin embargo, volvía a entrar en pérdidas y llegaba a caer más de un 1%, tras conocerse que la agencia de calificación Fitch, que ayer rebajó la calificación de Santander y BBVA, ha hecho hoy lo propio con otras 18 entidades más, ante la posibilidad de un ulterior deterioro de las carteras crediticias. La semana pasada, Fitch degradó la nota del reino de España a BBB.

OHL (-5,91%), Bankinter (-4,76%)  y Popular (-4,55%) encabezaban las pérdidas. Todos los valores bancarios han entrado en números rojos. Siguen a Popular Bankia (-2,1%), Sabadell (-1,31%), BBVA (-0,62%), Caixabank (-0,38%) y Santander (-0,27%).

Las Bolsas europeas, con la excepción de Milán, que cede un 0,36% poco antes del mediodía, consiguen mantenerse en números verdes. Londres avanza un 0,43%, París un 0,41% y Fráncfort un 0,59%.

España y Grecia siguen marcando la agenda de incertidumbre que manejan los inversores. En el primer caso, por la falta de información sobre el rescate que el pasado sábado el Gobierno español solicitó a sus socios europeos para sanear la banca española. La respuesta fue generosa: habrá hasta 100.000 millones de euros en préstamos. Pero no se han detallado cantidades concretas ni plazos. Ni siquiera cuál será el fondo que aportará los recursos.

La preocupación por una posible salida de Grecia de la eurozona en caso de que en las elecciones del próximo domingo gane la opción que propone esta vía, pesa como el plomo sobre el ánimo de los inversores. Tanto es así que los países europeos han desarrollado planes de emergencia en caso de que ese sea el resultado de los comicios, con medidas como la limitación de la retirada de dinero en los cajeros automáticos y controles de capitales y fronterizos (como la suspensión del Tratado de Schengen).

Las incógnitas sobre el rescate para los bancos son muchos. En primer lugar, la cantidad. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha cifrado las necesidades de saneamiento de la banca española en unos 37.000 millones de euros. Entre esa cifra y el máximo concedido hay muchos puntos en los que podría aumentar la ratio de deuda pública sobre el PIB (los Presupuestos Generales preveían, antes del rescate, que este año llegara al 80%, lo que se verá incrementado con las ayudas europeas).

Además, aunque el portavoz de Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Amadeu Altafaj, ha adelantado que los préstamos tendrán un tipo de interés del 3% o el 4%, aún está por determinar qué fondo europeo aportará los recursos. La cuestión no es baladí, puesto que si se trata del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) será una deuda preferente, subordinada solo a la del Fondo Monetario Internacional (FMI), y con prioridad frente a la deuda del Tesoro o cualquier otra emisión de deuda española. El MEDE entrará en vigor como institución permanente el 1 de julio y es la opción preferida por Alemania.

El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), establecido en 2010 con carácter temporal y que convivirá un año con el MEDE, no prevé ese privilegio a los préstamos del organismo. Por eso Finlandia se ha apresurado a reclamar garantías adicionales por parte de España en caso de que se use este fondo.

Hasta que el Gobierno español no reciba la doble evaluación que ha encargado a diversas consultoras y auditorias, no se podrá determinar la cuantía concreta que precisa cada entidad ni la modalidad que adoptará la inyección de fondos que recibirán del Fondo de Reestructuración  Ordenada Bancaria (FROB). En algunos casos las entidades recibirán capital y en otras bonos convertibles contingentes (CoCo), títulos de deuda que se transforman en capital si se verifican ciertas circunstancias. Y, lo fundamental: ¿en qué utilizarán las entidades el dinero que reciban? Los cierres de oficinas, despidos, ventas de activos e incluso liquidaciones de bancos estarán en la lista.

Algunos economistas apuntan al pernicioso vínculo entre la banca española y la deuda soberana. Con el rescate que recibirá el Estado y que transmitirá -vía FROB- a los bancos, se cerraría un círculo que empezó a crearse con las compras masivas de deuda pública realizadas por las entidades españolas en los últimos meses, al destinar a ese fin buena parte del billón de euros que el Banco Central Europeo (BCE) inyectó a la banca europea en diciembre y febrero. “El Gobierno español rescata a los bancos españoles y los bancos españoles rescatan al Gobierno. Es economía vudú. No ha funcionado y no va a funcionar”, aseguraba ayer a Reuters el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

Lo que la reacción de los mercados parece indicar es que consideran las soluciones propuestas parches parciales que no resolverán la cuestión de fondo si no se apoyan en una mayor integración bancaria y fiscal. En otras palabras, con un BCE que actúe como verdadero banco central capaz de monetizar deuda, lo que presupone la existencia de eurobonos. Todo ello en un un horizonte demasiado lejano para el ritmo de los mercados.”Lo que estamos viendo podría considerarse migajas. Lo que necesitamos es una solución europea completa. Hasta que no veamos algo significativo por parte del BCE, no se afrontará la cuestión. El problema no es de liquidez: es de solvencia”, aseguraba ayer a Reuters James Dailey, gestor de carteras de TEAM Financial Asset Management.

 

Publicado en El Pais: El tipo del bono español a 10 años alcanza su máximo desde que existe el euro

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