Canarias y la amenaza extractivista

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El Partido Popular inició su legislatura anunciando dos medidas que afectan directamente a Canarias. El Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente Miguel Arias Cañete propuso nada más llegar al cargo una modificación sustancial de la Ley de Costas con el objetivo de “poner en valor el litoral”, es decir, estimular la privatización del suelo y la especulación inmobiliaria. Por su parte, el nuevo Ministro de Industria y presidente del PP de Canarias José Manuel Soria anunció la eliminación de las ayudas a las energías renovables y la reanudación de la exploración de los yacimientos de hidrocarburos existentes en aguas adyacentes a Fuerteventura y Lanzarote, pese a la oposición de los respectivos cabildos insulares (las prospecciones fueron paralizadas por el Tribunal Supremo en 2004 debido a la falta de estudios de impacto ambiental). 

En un comunicado de rechazo, la asociación canaria Ben Magec-Ecologistas en Acción denuncia que este proyecto “perjudica seriamente las posibilidades de las islas de caminar hacia un modelo energético más independiente y sostenible.” El grupo ecologista sostiene, con razón, que la extracción de crudo entraña elevados riesgos de contaminación -no solo por los eventuales vertidos-, particularmente en aguas profundas, polución que puede afectar negativamente a sectores como el turismo o la pesca. Esta contaminación se añadiría a los vertidos que ya se producen desde buques petroleros que pasan por el archipiélago. 

Para muchos, las consideraciones ecológicas quedan en un segundo plano frente al hecho de que sea el Estado central y no Canarias el que otorgue las licencias. Es, por ejemplo, la posición del actual gobierno de Coalición Canaria-PSOE. Por otro lado, desde posiciones soberanistas se sostiene que lo intolerable es que Canarias no tenga control alguno sobre lo que sucede en sus aguas colindantes, pero no para cuidarlas, sino para explotarlas de manera intensiva. Así, si Soria declara que “España no puede permitirse el lujo” de no explotar el petróleo, mientras Marruecos concede licencias a diversas empresas multinacionales, algunos sostienen lo mismo pero de otra manera: “Canarias no puede permitirse ese lujo“, pues sufrirá de todas formas las prospecciones que realice Marruecos. Es más, la extracción de petróleo y gas constituye una oportunidad para apuntalar una mayor autonomía o una eventual independencia. Bien explotado, reduciendo los riesgos, y bien gestionado, evitando derivas cleptocráticas, la extracción de petróleo y gas aportaría la financiación necesaria para un desarrollo exponencial de la economía canaria, así como de los servicios públicos esenciales. Rizando el rizo, se llega a afirmar que gracias al petróleo Canarias podrá invertir en energías renovables (argumento delirante que acaba de avanzar por cierto el presidente Yoweri Museveni en Uganda, para justificar los acuerdos petroleros firmados con diversas empresas). 

Sin embargo, en la vida real las cosas no funcionan así. Además de los problemas ecológicos que detalla muy bien Ben Magec, una economía articulada en torno a la explotación de combustibles fósiles:

– profundizará la dependencia del capital extranjero (petroleras en este caso). Más tiempo llevaría instaurar un “modelo venezolano” que mezcle la propiedad pública con la participación de transnacionales petroleras. Pero quienes sueñan con esta alternativa después de una eventual independencia, olvidan que la revolución bolivariana no creó, sino que heredó una economía petrolera. Es cierto que ella le ha permitido financiar determinados programas sociales y cierta influencia en el ámbito internacional, pero también ha agudizado importantes problemas internos (falta de soberanía alimentaria, contaminación ambiental, corrupción, conflicto sobre tierras indígenas, etc.). 

– sin una radical democratización previa en Canarias, la renta petrolera se concentrará en pocas manos, vinculadas a las corporaciones y a la administración. La fuerte concentración de capital que requiere el extractivismo suele venir acompañada de la centralización del poder político, la estatización y el verticalismo. Todo ello con elevados niveles de corrupción.

– generará por tanto una creciente polarización social y económica. 

– estimulará aún más el uso del transporte privado motorizado en las islas, que hoy constituye una auténtica plaga. 

– como señalé más arriba, el petróleo afectará a la seguridad y autosuficiencia alimentaria de las islas, pues siempre saldrá más barato importar comida que producirla. Este es un mal muy común entre los países petroleros. 

– implicará una mayor militarización de Canarias y la posible integración del archipiélago en el mando estadounidense del Africom, como ya ha solicitado Estados Unidos al gobierno español. Especialmente si hay empresas angloamericanas entre las adjudicatarias de las prospecciones. 

Que partidarios de la “descolonización” del archipiélago depositen sus esperanzas políticas en el extractivismo muestra cuán deudores son en realidad de la ideología colonial. El extractivismo, es decir,  la extracción y apropiación privada o estatal de recursos naturales -bienes comunes- para la exportación y la generación de rentas financieras, refuerza patrones de colonialidad en la producción económica. En Canarias supone aplicar lo que lleva produciéndose en América Latina desde tiempos de la colonia y que ahora retoman sus gobiernos progresistas, “confundiendo el crecimiento del producto interno bruto con desarrollo” (Raúl Zibechi): la explotación intensiva de recursos naturales destinados al mercado global, con independencia de los impactos sociales y medioambientales. Como señala el economista uruguayo Eduardo Gudynas para el caso latinoamericano: 

Ésta es una nueva paradoja: el desarrollo clásico, y en especial el extractivismo, pasa a ser defendido como necesario no solamente para el crecimiento económico en general, sino específicamente como medio indispensable para financiar la lucha contra la pobreza. Sin embargo, bajo ese camino se cae en una relación perversa donde se hacen necesarias compensaciones económicas de los daños extractivistas, lo que a su vez requiere embarcase en nuevos proyectos extractivos para obtener esos recursos económicos. Tampoco se reconoce que esas economías de enclave impiden revertir la subordinación productiva y comercial de América Latina, sino que la agravan. Por este tipo de contradicciones, el extractivismo depredador es un callejón sin salida.”

Si en Canarias queremos construir un proyecto de sociedad alternativa, más democrática y más sostenible, tenemos que pensar de otra manera, según nuestras necesidades reales, qué es la producción, qué es riqueza y buena vida, y cuestionar los patrones productivistas y de consumo depredadores que son hoy hegemónicos, en el archipiélago como en el resto del mundo. Es una tarea colectiva que no puede dejarse para más tarde, siguiendo un etapismo perverso. Y que pasa, necesariamente, por el rechazo frontal a las prospecciones petrolíferas y a la lógica extractivista.

Fuente: http://www.javierortiz.net/voz/samuel/canarias-y-la-amenaza-extractivista

 

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