La necesidad de un movimiento independiente de mujeres contra la deuda y las medidas de austeridad

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¿Por qué hace falta en Grecia un movimiento independiente de mujeres contra la deuda y las medidas de austeridad? 

Porque la crisis de la deuda y las consiguientes medidas de austeridad nos afectan sobre todo a las mujeres, y tienen un impacto negativo en todos los aspectos de nuestras vidas. Por eso, si las mujeres no nos organizamos para enfrentarnos a ellas, nadie lo hará por nosotras.

Pero, ¿por qué la crisis de la deuda y las medidas de austeridad afectan especialmente a las mujeres?

Porque las políticas de austeridad neoliberal que se están aplicando durante la crisis de la deuda están dirigidas especialmente a los servicios públicos y lo que queda en pie del Estado del bienestar. Al desmantelar o privatizar los servicios públicos, el Estado se desentiende de las responsabilidades sociales que tenía con sus ciudadanos y ciudadanas y las deriva, una vez más, a la familia. De esta manera, el cuidado de los menores y las personas enfermas, ancianas o discapacitadas, incluso los problemas de las y los jóvenes sin trabajo y con grandes dificultades, ya no son responsabilidad del Estado, sino de la familia, y siempre de manera gratuita.

Pero el término familia es muy abstracto. En realidad, como todo el mundo sabe, en una familia son las mujeres las que asumen, prácticamente solas y sin ningún tipo de remuneración, todas estas funciones sociales básicas del estado. Así, el estado neoliberal mata dos pájaros de un tiro: se descarga por completo de las obligaciones sociales que “amplian el déficit, y por lo tanto la deuda pública” y nos obliga a las mujeres a asumirlas nosotras mismas trabajando sin recibir nada a cambio.

En otras palabras, las mujeres se ven obligadas a hacer el trabajo del Estado de bienestar, o más bien a sustituirlo

Y aún hay más, la otra cara de la moneda, otra de las razones por las que todas esas medidas van dirigidas a nosotras: somos las primeras en ser afectadas por los despidos masivos que acompañan el desmantelamiento o la privatización de todo tipo de servicios públicos, porque las mujeres somos la gran mayoría de la población activa en ellos.

La conclusión es simple y afecta a miles de asalariadas en nuestro país: no sólo somos las primeras en ser despedidas sin ninguna esperanza de volver a ser contratadas, sobre todo si ya somos madres o estamos en edad de procrear; no sólo muchas de nosotras estamos desempleadas, especialmente las jóvenes, sin esperanza de ningún futuro profesional; no sólo estamos condenadas a la pobreza y la precariedad; sino que también se nos carga con las tareas que antes eran propias del estado, con todo lo que eso conlleva en términos de fatiga, estrés, envejecimiento prematuro, trabajo no remunerado y gastos adicionales.

Claro que también hay quienes dicen _en primer lugar el Estado, pero también la Iglesia y la llamada gente bienpensante- que de esta manera las mujeres pueden regresar a su verdadera misión, que consiste en dedicarse a su hogar y su familia.

¡Por supuesto que lo dicen! No sólo lo dicen, lo gritan a los cuatro vientos, porque la política inhumana de las medidas de austeridad tiene que venir rodeada de una envoltura ideológica. Es sólo propaganda barata que utiliza la mayor parte de los clichés sexistas reaccionarios para disimular la dureza de sus políticas neoliberales. De hecho, lo que estamos viendo es algo aparentemente paradójico: una alianza entre los altos niveles, responsables de la formulación de las políticas capitalistas que se manifiestan en brutales medidas de austeridad, y los nostálgicos de épocas pasadas, que nos quieren convencer de que la naturaleza de las mujeres es estar encerradas en casa sin más ocupaciones que las de madre y/o esposa. Es la alianza entre la línea marcada por el FMI y la Comisión Europea, que dicen que quieren “modernizarnos”, y los bastiones del patriarcado más anacrónico y misógino, encarnados por la Iglesia o la derecha y la extrema derecha.

¿Es sólo propaganda o tiene consecuencias prácticas para las mujeres?

Sí las tiene, no es sólo cuestión de teoría y propaganda. Lo peor es que tiene efectos muy tangibles y desastrosos en nuestra vida cotidiana. Este retorno a un pasado lejano va acompañado de medidas destinadas a privar a las mujeres de los pocos derechos y victorias que han obtenido mediante las luchas de las últimas décadas. La Santa Alianza del Capital y el Patriarcado revocan en la práctica nuestro derecho al trabajo, y con él, nuestro derecho a la independencia económica. Nos obliga de nuevo a una vida de dependencia, privadas del derecho a tomar nuestras decisiones. Nos trata como esclavas que tienen que asumir las tareas y los servicios proporcionados anteriormente por el Estado de bienestar, porque supuestamente es la “naturaleza” de las mujeres hacer el trabajo de los jardines de infancia, las residencias de ancianos, hospitales, restaurantes, lavanderías, centros de día psiquiátricos, actividades extraescolares, e incluso centros de trabajo para los miembros de la familia en paro. Y todo totalmente gratis, sin cobrar nada, sin ningún reconocimiento, porque supuestamente está en la naturaleza de las mujeres “sacrificarse” por los demás. Con la consecuencia de que las mujeres nunca tienen tiempo para descansar, atender a sus propias necesidades o participar activamente en los asuntos públicos.

Todo esto debe tener un alto coste para las mujeres …

Sí, lo tiene. No sólo porque el estrés cotidiano significa que se agotan más y envejecen antes de tiempo, sino también porque el sexismo que rodea a la llamada “naturaleza femenina” lleva a tratar a las mujeres como seres inferiores, con un cuerpo siempre disponible en el que cualquier hombre puede descargar sus frustraciones. No es casualidad que los casos de violencia sexista, que ya eran numerosos, estén aumentando en este período de capitalismo salvaje y austeridad.

Por todas estas razones, y también por muchas otras, la conclusión es simple: nuestra oposición a esta ofensiva contra las mujeres por parte del gobierno de la Troika y sus aliados nos lleva a organizarnos y construir un movimiento de mujeres, independiente y autónomo, contra la deuda y las medidas de austeridad. No sólo porque nadie puede hacerlo en nuestro lugar, sino también porque el capitalismo y el patriarcado están tan estrechamente entrelazados que cualquier lucha contra uno de estos tiranos será débil si no se enfrenta también al otro.

02/2012

http://www.internationalviewpoint.org/spip.php?article2468

Sonia Mitralia es activista feminista y miembro del CADTM Grecia

Traducción: VIENTO SUR

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