Rubalcaba: De piromano a bombero

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Es frecuente encontrarse en la época veraniega noticias sobre las andanzas de algún bombero-pirómano. Esas andanzas suelen tener como motivación principal la de garantizar el puesto de trabajo al que actúa como bombero-pirómano.

Esos personajes que provocan por si mismos los incendios, arrasando centenares o millares de hectáreas de vegetación, ponen por encima de cualquier otra consideración el mantenimiento de su “estatus”, aún a costa del tremendo daño que puedan hacer al bien común. Eso sí, les gusta presentarse “públicamente” como bomberos, como los “apagafuegos”. El papel de “pirómanos” lo suelen ejercer desde la mayor de las discreciones posibles.

Este verano ha salido a la palestra un particular individuo de esa especie de “pirómano-bombero” o “bombero-pirómano”,  que no es otro que el Señor Rubalcaba.

El Sr. Rubalcaba reúne en su persona todos los defectos del tipo de personaje sobre el que hemos hablado.

El Señor Rubalcaba viene ocupando puestos de principal importancia en el Staff del Estado Español desde la década de los ochenta del pasado siglo. Perteneció, y no como mero observador, a los gobierno que bajo la presidencia de Felipe Gonzalez impulsaron los GAL, que ratificaron la presencia del Estado Español en la OTAN, traicionando una de las promesas fundamentales del PSOE en la campaña electoral de 1982.

Rubalcaba estaba también en el poder cuando se negociaron las ruinosas condiciones para la economía productiva de este Estado en el proceso de incorporación a la Unión Europea.

Fue precisamente en aquel momento cuando se crearon las circunstancias apropiadas para que el sector del ladrillo, de la hostelería y de la economía criminal fueran los hegemónicos, debilitando hasta casi la liquidación al sector industrial, agrario y ganadero.

Rubalcaba fue corresponsable de todas las contrarreformas sociales y privatizaciones puestas en marcha por los gobiernos de Felipe Gonzalez, especialmente en la década de los noventa.

Rubalcaba fue nombrado ministro del interior en la segunda parte de la primera legislatura de Rodríguez Zapatero como una imposición de los sectores más derechistas del PSOE y de los sectores mediáticos y económicos más vinculados a ese partido. Desde esa posición hizo todo lo posible para taladrar todos los aspectos progresistas del programa de aquel Gobierno, muy especialmente en lo referido al proceso de reconducción política del conflicto vasco.

Rubalcaba fue brutalmente beligerante con la candidatura a las últimas elecciones Europeas “Iniciativa Internacionalista – La Solidaridad entre Los Pueblos”, presionando todo lo que estuvo a su alcance para conseguir su ilegalización y criminalización.

Así mismo, fue el artífice principal del evidente pucherazo, admitido parcialmente por el Tribunal Supremo, al que esta candidatura fue sometida, todo ello a sabiendas de que Iniciativa Internacionalista era en aquel momento, primavera de 2009 un instrumento de gran importancia para ayudar entre otras cosas a reconducir a vías políticas el llamado “conflicto vasco”.

Rubalcaba consiguió imprimir un evidente giro a la derecha al primer gobierno de Zapatero y marcar claramente la línea de acción en el segundo. Ahora se nos presenta como la “cara de izquierdas” del PSOE.

Rubalcaba desde luego es un “cara”, pero no una cara de izquierdas sino simplemente un “caradura”.

Sin embargo, no hay que despreciar a este personaje. Es evidente que tiene una estrategia cuya pretensión no es ganar las próximas elecciones generales, cosa que sabe altamente improbable, salvo imprevistos de gran gravedad, sino que su objetivo es el de salvar al PSOE, no como un partido de izquierdas, sino como uno de los pilares básicos del actual régimen político y económico.

Unos resultados en las próximas generales similares a los de las autonómicas supondría un grado de debilitamiento tal para el PSOE, que provocaría algo muy similar a su inhabilitación a medio plazo para jugar ese papel de pilar del  Sistema.

En ese objetivo está el conjunto del bloque dominante español. El Estado, no  puede permitir que tal cosa ocurra. Rubalcaba es el encomendado para conseguir tal objetivo.

Rubalcaba sabe que no va a gobernar y por éso no le importa hacer promesas que no tendrá que cumplir pero que virtualmente pueden servir para mejorar su flanco de izquierdas. Sus guiños al 15M que no han hecho más que empezar y que ya denunciamos en un artículo anterior, son una expresión de lo que estamos diciendo.

Rubalcaba no lo va  a tener fácil porque a los sectores a los que tiene que volver a “engañar” han madurado bastante y ya no comulgan con ruedas de molino, pero tendrá toda la colaboración del poder mediático y no sólo de Prisa  o Público. Los instrumentos mediáticos de la derecha “más civilizada” también le darán su apoyo de alguna manera, combinando una de cal y otra de arena porque estratégicamente lo necesitan.

El Pueblo Trabajador Castellano, sin embargo, necesita un PSOE debilitado, porque sólo con un PSOE severamente debilitado se puede acelerar la construcción de un auténtico proyecto progresista en nuestra tierra.

 

 

Luis Ocampo, Iz.Ca.

Castilla a 13 de julio de 2011.

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