Que la saturación de información, no nos bloquee la capacidad de acción

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La historia ha entrado en un proceso de aceleración y de nuevo se pone en evidencia la corrección de la concepción dialéctica marxista; y lo erróneo de la dialéctica hegeliana.

Por cierto ¡cómo ha recuperado terreno el hegelianismo! Probablemente, inconscientemente en la mayoría de los casos, entre las gentes que se consideran revolucionarias, y seguramente lo son en el plano subjetivo.

Esa aceleración se está dando no sólo en los planos económicos, social, político y militar, sino también en el de la actividad propia de la naturaleza. Ya sea esta condicionada por factores humanos, tal cual es el caso de los accidentes nucleares y sus repercusiones medioambientales, ya sea condicionada por su propio devenir, como es el caso de los terremotos y maremotos.

En cualquier caso esta aceleración de tantas cosas a la vez, y sobre todo sus consecuencias sobre la humanidad, nos pone ante la exigencia, a l@s revolucionari@s, de dar alternativas a la actual situación. Alternativas progresistas y que pasen principalmente por la salvaguarda de la humanidad y de la naturaleza; y ello en el contexto de un mundo con valores progresistas, de justicia social, de respeto a los derechos de los Pueblos, de las mujeres, de las personas…

Un mundo que es posible construir pero que se contrapone absolutamente al que hegemónicamente está en marcha en la actualidad, impulsado por el imperialismo, el neoliberalismo y el neofascismo.

Para derrotar el proyecto hegemónico en marcha que nos lleva directamente a la autodestrucción, es necesaria la confluencia de todas las energías, que a todos los niveles empujan en esa dirección.

Para derrotar ese proyecto humanicida, hace falta levantar en cada Pueblo un proyecto libertador y solidario.

Necesitamos saber seleccionar la información, separar el grano de la paja, necesitamos ser capaces de dar alternativas concretas a cada problema y situación concreta, pero necesitamos urgentemente, vitalmente, estructurar una reflexión global.

Necesitamos ser capaces de realizar un proceso de abstracción, en el sentido científico del término, sobre todo lo que está ocurriendo en el mundo, y a eso se le conoce tradicionalmente como el proceso de construcción de la ”filosofía revolucionaria”, en este caso para el siglo XXI.

Por supuesto que nos sirve de referencia todo lo construido hasta ahora, pero no es suficiente, hay que avanzar.

De la misma forma que las armas científicas construidas para luchar contra las epidemias bacterianas en los siglos XIX y XX fueron de gran utilidad para esos objetivos, pero sería estúpido aplicarlas mecánicamente a la lucha contra las enfermedades víricas o prionicas. Con los problemas de la lucha de clases ocurre lo mismo.

Toda experiencia histórica es válida, pero cada momento histórico concreto necesita sus soluciones adecuadas.

Hoy podemos decir, en contra de lo que el enemigo pretende transmitirnos, que las clases sociales, desde un punto de vista objetivo, no sólo no han desaparecido sino que se han polarizado hasta extremos nunca conocidos en la historia de la humanidad.

El destino de miles de millones de personas en todo el planeta es manejado por unos pocos cientos de miles, o como mucho por unos poquísimos millones de personas, a los que podríamos denominar como los grandes GERENTES : militares, económicos, políticos, mediáticos, sociales y religiosos.

Esa asimetría entre una minoría que no tiene otro objetivo, a costa de lo que sea, de mantener un nivel de vida de privilegios, absolutamente demenciales, injustos e incompatibles con la vida colectiva; y una amplísima mayoría que aspira o bien sobrevivir, o a mantener unos estándares de vida dignos y viables.

Esa asimetría como decimos es cada vez mayor y configura una contradicción absolutamente antagónica que no se resolverá si uno de sus polos no desaparece.

Hoy podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la defensa de la humanidad y la naturaleza es una tarea auténticamente revolucionaria.

Hoy la bandera del panhumanismo debe ser cogida fuertemente en nuestras manos.

L@s comuner@s del SXXI tenemos que asumir esa tarea y prepararnos para ella.

Luis Ocampo, Iz.Ca.

 

Castilla a 18 de marzo de 2011.

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