27 de septiembre.

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Situémonos en el momento. El primer quinquenio de los años 70 fue escenario de un impresionante avance de las movilizaciones sociales: las luchas obreras habían conseguido un alto grado de movilización, Huelgas generales en Vigo, Ferrol, Asturias, Euskalherria .., la Universidad estaba permanentemente movilizada y en los barrios las luchas también estaban en auge, etc…

 

 

El bloque dominante español sabía que, por razones biológicas, la muerte de Franco estaba cercana y que su régimen tenía que sufrir una serie de transformaciones para adecuarse a las circunstancias del momento y particularmente para poder entrar en el llamado, en aquél momento, ”Mercado Común Europeo”, precedente de la Unión Europea y objetivo estratégico del gran capital español tal como el paso de los años ha dejado meridianamente claro.

 

El interrogante era cómo hacer la transición entre el Régimen Franquista y otro que fuera homologable en Europa sin perder las esencias del anterior. Como en todo proceso histórico, el bloque dominante español tenía algunas cosas muy claras, pero también algunas incertidumbres.

 

La primera cosa clara que tenían era que cuando ese proceso se iniciara formalmente, el movimiento popular tenía que estar lo más debilitado posible socialmente, pero también ideológica y políticamente. Por eso, junto a una represión generalizada contra todo lo que se movía había una represión más específica y brutal contra las organizaciones que impulsaban los movimientos nacional populares en el Estado Español y la lucha armada.

 

De ese objetivo se derivó la represión brutal que se ejerció en ese periodo y que tuvo su expresión más simbólica en las cinco ejecuciones del 27 de Septiembre de 1.975, después de los tres Consejos de Guerra celebrados entre Agosto y Septiembre de ese año.

 

La otra cuestión que tenía muy clara el bloque dominante español, era el papel que Juan Carlos de Borbón y la restauración Monárquica a través de su persona, tenían que jugar como hilo conductor entre el Franquismo y el nuevo ”régimen parlamentario”

 

El propio Franco había nombrado a Juan Carlos como su sucesor a título de Rey y éste en el verano de 1.974, con motivo de la enfermedad del dictador, había ocupado interinamente la Jefatura de Estado. Es decir, el sistema sucesorio se había experimentado en vida del General criminal. Juan Carlos, por otra parte, era la segunda persona en importancia del Régimen Franquista y tenía concedido el título de Príncipe de España. Con él despachaban las autoridades del régimen, comenzando por Carrero Blanco, incluso cuando este era Presidente del Gobierno.

 

Las Ejecuciones se producen en este contexto político y Juan Carlos tuvo una complicidad de primer orden en aquellas ejecuciones de cinco luchadores antifranquistas. Precisamente ese hecho, históricamente incuestionable, es uno de los elementos fundamentales que han impedido la promulgación de na Ley de la Memoria Histórica que merezca tal nombre .

 

En la madrugada del 27 de septiembre de 1975, cinco antifascistas eran fusilados en Madrid, Barcelona y Burgos, en cumplimiento de las penas de muerte dictadas en los correspondientes consejos de guerra sumarísimos, celebrados muy pocos días antes, entre el 28 de agosto y el 19 de septiembre.

 

Todos los fusilados fueron brutalmente torturados durante su detención, torturas que por cierto denunciaron. Los responsables policiales de aquella operación fueron personajes bien conocidos como el comisario Roberto Conesa y Antonio Gonzalez Pachecho, alias ”Billy el niño”, reconocidos torturadores.

 

En el proceso, los tribunales militares, no respetaron ni la propia legalidad franquista, querían muertos, rápidamente y a cualquier precio, que sirvieran para dar una lección al movimiento popular antifascista en ascenso, tal como decíamos, en aquellos momentos.

 

Las ejecuciones en el amanecer del 27 de Septiembre fueron una auténtica orgía de sangre, los verdugos fueron Guardias Civiles y policías voluntarios; y otros muchos miembros de esos cuerpos acudieron a ver ”el espectáculo”, como en los viejos tiempos.

 

El padre de uno de los fusilados, Xose Humberto Baena, pidió a través de una carta a Juan Carlos, clemencia para su hijo, la respuesta a través del jefe de su casa militar (Alfonso Armada), fue la de que nada se podía hacer.

 

 

 

Transcribimos una parte de la última carta que Xose Humberto Baena envio a su familia:

Papá, mamá… me ejecutarán mañana, quiero daros ánimos.

pensad que yo muero pero que la vida sigue. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos, para ver la muerte de frente. Que mi muerte sea la ultima que dicte un tribunal militar. Ese era mi deseo. Pero tengo la seguridad de que habrá muchos mas. Mala suerte! una semana mas y cumpliría 25 años. Muero joven pero estoy contento y convencido

 

 

 

 

 

Izquierda Castellana.

Castilla a 27 de septiembre de 2010

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