El hilo rojo.

Comparte este artículo:

<!– @page { margin: 2cm } –>

Es muy cierto que el capitalismo, especialmente su modelo neoliberal, atraviesa una profundisima crisis que tiene además unas características especialmente graves en el caso del Estado Español.

No es menos cierto que el Régimen político surgido de la transición, la II Restauración Borbónica, tiene cada vez una mayor deslegitimación social, particularmente en algunos Pueblos bajo la jurisdicción de este Estado que padecemos.

Pero no es menos cierto que por debilitados que estén los modelos de explotación y las formas de dominación de los bloques dominantes, éstos no se caen solos, ”hay que tirarlos”.

El bloque dominante español no se ha caracterizado históricamente, tampoco en la actualidad, por sus grandes habilidades políticas. Dentro de ese doble manejo que el poder utiliza para la reproducción de su dominación: la persuasión y la represión, siempre se han inclinado y siguen haciéndolo, por intensificar el uso de la segunda opción, es decir la represión.

 

Sin embargo no hay que negarle al bloque dominante español unas especiales habilidades para introducir un tercer elemento que garantice su mantenimiento en el poder: la corrupción sistemática con las secuelas de redes clientelares que ello lleva consigo, en lo económico y en lo político, así como el embrutecimiento social asociado. Ese es el sustrato que permite que un amplio sector social siga votando a aquellos partidos políticos que están indudablemente vinculados a redes de corrupción.

Así lo hicieron ya en el Régimen salido de la I Restauración, así lo hicieron con el Régimen franquista, y así lo están haciendo con esta II Restauración que nos ha tocado vivir.

Ello tienen clara ”su salida a la crisis”, profundización del modelo neoliberal en lo económico, hasta conseguir un cambio de modelo social que nos retrotraiga al escenario de los años sesenta del pasado siglo: Precarización del sistema sanitario público, del sistema de pensiones y en general del conjunto de las prestaciones sociales, o lo que antes también se llamaban salarios indirectos.

Reajustes de los salarios directos, cambiando progresivamente los estándares de vida sobre los que se basa la cuantificación del salario en cada sociedad concreta y en cada momento histórico concreto.

 

Hemos vivido ”por encima de nuestras posibilidades todos estos años”, nos dicen. Ha llegado la hora de apretarse el cinturón.

Por supuesto cuando hacen estas reflexiones se refieren a las clases trabajadoras, no a los políticos profesionales, ni a los banqueros, ni a los empresarios…

Esa filosofía de ”que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, es el punto de partida para iniciar la justificación del recorte de los salarios directos, estos se tienen que ajustar a ”las posibilidades reales”, que claro está son las que ellos nos irán marcando según su replanificación del conjunto de los recursos entre los trabajadores y trabajadoras y los poderosos.

Hay que disminuir el tiempo durante el cual se disfruta de la jubilación, cambiando el concepto esencial en el que esta se sustenta, que no es otro, que el de que la vida del ser humano tiene que tener un tiempo para el descanso, para la realización de aquellos pequeños o grandes proyectos personales que antes no se pudieron realizar porque el tiempo, primero del estudio y luego del trabajo lo impidió. Y para conseguir ésto se plantean dos objetivos: aumentar la edad de jubilación y disminuir la esperanza de vida (aunque esto no nos lo cuenten explícitamente), ya nos empiezan a insinuar que la gente vive demasiados años y que hay un porcentaje de la población demasiado grande por encima de los ochenta años y que éstos a su vez son los que suponen un mayor coste para el sistema sanitario público, para el sistema de pensiones… difícilmente soportable.

 

Hace tan solo veinticinco o treinta años esto no era así, la esperanza de vida era mucho menor y por tanto la etapa de la vida en que un@ esta jubilad@. Se trata de iniciar aquel proceso que nos retrotraiga de nuevo, como decíamos anteriormente, a la situación de los sesenta del pasado siglo, y podemos estar segur@s de que esto se puede hacer técnicamente sin grandes dificultades.

Si se deteriora el sistema de salud, si se deteriora el sistema de pensiones, si se deteriora el sistema alimentario…. lo otro cae por sí solo. Recordar como la esperanza de vida cayó dramáticamente en los países de la ex-URSS después del derrumbamiento del socialismo real en aquella región del mundo.

 

También tienen clara su salida de la crisis en lo político: más autoritarismo, más estado policial, más recortes de las libertades, en síntesis fascistización.

 

Lo mismo podríamos decir en lo social: mayor embrutecimiento de la opinión pública, intensificación de las redes de corrupción, deterioro del sistema educación y en general del nivel cultural, estímulo al consumo de drogas, uso del fútbol como instrumento de alienación social… Para ello cuentan con la plena colaboración del poder mediático.

 

En el plano internacional tampoco se complican la vida, mayor dependencia del proyecto imperialista europeo y yanqui, aunque ello suponga un autentico suicidio para significativos sectores de la economía productiva.

 

Con este escenario, podría concluirse, que objetivamente el panorama es favorable para el avance del movimiento popular, para el avance en la construcción de otro modelo político, económico y social, pero desgraciadamente de momento van ganando.

 

Se le puede echar la culpa a estos o a aquellos pero aunque obviamente las responsabilidades no son iguales para tod@s. Tod@s tenemos una parte de responsabilidad en que no se consiga articular un movimiento de resistencia popular frente a la brutal ofensiva del sistema que partiendo de la realidad incuestionable del carácter plurinacional del Estado Español y por tanto del reconocimiento de las diversas naciones del Estado como sujetos esenciales en la articulación de la lucha popular, sepa coordinar todas las fuerzas interesadas en impulsar un cambio de modelo político, económico y social progresista en esta región de Europa.

 

Nadie esta libre de responsabilidad, si no partimos de esa primera reflexión difícilmente vamos a poder darle la vuelta a la situación actual.

  • Sin el desarrollo propio en cada nación del Estado del movimiento popular será imposible ganar la partida.

  • Sin el acuerdo del conjunto de fuerzas progresistas en el Estado, será imposible parar su ofensiva y crear las condiciones para garantizar la victoria de la nuestra.

  • Sin construir una cultura política que permita ese proceso de acuerdos, seguiremos dándole bazas al enemigo

  • La experiencia del Foro de Sao Paulo nos puede servir de inspiración y ejemplo, en ella se combina el estricto respeto a la soberanía de cada proceso nacional con la colaboración en todo aquello que es de mutuo interes para la construcción de un espacio de progreso y antiimperialista en Latinoamérica.

 

El hilo rojo, es el único que puede servir para hilvanar las piezas que nos permitan confrontar con los proyectos del enemigo y simultáneamente empezar a construir las nuestras, partiendo de la base de que un eje esencial, como ya hemos dicho, es la lucha de la izquierda de los Pueblos que en toda la historia de la transición en el Estado Español ha mantenido en alto la lucha por la democracia en sus sentido más amplio, incluyendo los derechos nacionales de los Pueblos, así como por la justicia social.

El hilo rojo, es aquello que much@s tenemos en común, pongamoslo a trabajar, es nuestra responsabilidad.

 

Luis Ocampo, IzCa

 

Castilla a 17 de septiembre de 2010,

 

 

Comparte este artículo: