Borobia: pasado y presente de contaminación y lucha. Por un futuro digno

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El 11 de mayo, aparecía en el diario El Mundo bajo el título “la herencia tóxica de Borobia”, el recuerdo de cómo hace años, en la madrugada del 10 al 11 de mayo de 1988, una empresa química vasca enterró en ese pueblo de Soria 70 toneladas de residuos tóxicos.

La protesta, la denuncia, el rechazo de las y los vecinos fue protagonista y fundamental para hacer frente a esa aberración.

Hoy en día, la amenaza de contaminación y el ejercicio y la necesidad de lucha y respuesta social continúan en Borobia, desde los propios pueblos de Castilla y en unión con el pueblo vecino y hermano de Aragón.

Se pretende abrir una mina de magnesitas, para la cual el Ministerio de Industria ha concedido ya una ayuda de 1,8 millones de euros a una empresa minera navarra.

Los años pasan, las historias vuelven.

Y ello, a pesar de que la gente dice y repite No a la mina, a pesar de las movilizaciones populares y el amplio rechazo social desde los pueblos de Castilla y Aragón, en especial del casi medio centenar de municipios que se verían directamente agredidos y que están organizados en la “Coordinadora de municipios afectados por la mina”, a pesar de que se han entregado más de 12.000 firmas en contra de este proyecto, a pesar de pronunciamientos siempre en contra desde las Cortes de Aragón, a pesar de que no se ha aprobado el estudio de impacto ambiental.

La denuncia y el rechazo se centran en señalar las irreversibles consecuencias que tendría sobre la zona:

– El ataque a la biodiversidad, contaminación de aire, tierra y agua, con daños en acuíferos, degradando los ríos y alterando gravemente su caudal, desviándolo hacia un uso privado para la mina, generando un deterioro global del ecosistema.

– El ataque al modo de vida de quienes habitan en esa zona, destacando especialmente el hecho de que la mina a cielo abierto, de casi 8 kilómetros de largo, se ubicaría en el límite con el Parque Natural del Moncayo, protegida por Directiva Comunitaria porque allí se captan aguas para consumo humano. Esto es, la mina irremediablemente supone una agresión al abastecimiento de agua para las poblaciones, para su vecindario, para el abastecimiento agrícola y ganadero.

– La denuncia del engaño de que la mina supondría puestos de trabajo en la zona. Frente al poco más de una decena de puestos, que es lo que meramente generaría y para unos años, contraponemos la muerte y destrucción en el sector ganadero y de la agricultura, también a nivel turístico-cultural, todo ello con las consiguientes consecuencias sobre los comercios y en general la vida de tales municipios. Supone así agravar la despoblación del mundo rural, con una perdida de cultura, identidad, patrimonio simbólico colectivo y futuro para siguientes generaciones.

Esto no es un modelo productivo por el que se deba apostar, ya que es más bien un modelo destructivo: del medio ambiente y de la forma de vida de sus habitantes a quienes no se les plantea ningún futuro digno.

La crítica a la mina de Borobia no puede realizarse sin conectarla con otros ataques que sufren los pueblos de Castilla, sin denunciar el proyecto que desde el Estado español se tiene para esta tierra.

Y es que, ¿qué propuesta de futuro hay para Castilla?

El alcalde de Borobia, Miguel Ignacio Modrego, insiste en que la mina es la “única posibilidad real de desarrollo para el pueblo”.

Se nos brinda como futuro la central nuclear de Garoña, el ser lugar donde ubicar el cementerio de residuos nucleares: son candidatos pueblos de Guadalajara, Palencia, Soria, Cuenca, Valladolid… o lugar donde colocar un vertedero de residuos tóxicos como en Alcazaren, o instalación de Minas de Uranio en la comarca de Molina (Guadalajara) y en los municipios de Retortillo y Saelices el Chico (Salamanca) o la Madrileñización de Castilla con el modelo especulativo que pasa por encima de personas y el medio. Y esto son sólo algunos ejemplos.

Son muchos los residuos y agentes tóxicos, corrosivos, los que se depositan en Castilla:

Políticas neoliberales, recortes sociales, discriminación de la mujer y una violencia constante contra nosotras y nuestros cuerpos, corrupción, españolismo, monarquía, promoción de la incultura y el idiotismo, represión a quienes protestamos contra todo esto…

Eso no es futuro. Eso es barbarie y destrucción.

La movilización social, articular movimiento popular, compromiso y lucha, es el camino para lograr un futuro digno para Castilla, un futuro que pasa por un cambio de modelo económico y de régimen político, por la soberanía sobre nuestra tierra y sus recursos, por el respeto, protagonismo y la participación de sus habitantes.

Ya señalábamos reflexiones en este sentido, vinculadas a la exigencia del cierre de Garoña, en otro artículo (“Garoña, cierre ya! Futuro digno para los pueblos de Castilla”).

En Borobia hayamos un pasado y presente de agresión y lucha.

Debemos trabajar por romper este círculo, que si no se resuelve, como vemos, al cabo de los años se repite. Debemos lograr que triunfe el modelo de una Castilla comunera.

Porque hay propuestas de futuro para Castilla

No a la mina de Borobia. Por un futuro digno para Castilla, que hemos de construir entre todas y todos los castellanos.

Elena Martínez López es militante de Izquierda Castellana


 

Ver también:

– Noticia aparecida en El Mundo: “La herencia tóxica de Borobia”

En 1988 una industria química vasca enterró 70 toneladas de residuos tóxicos. La protesta del los vecinos del pueblo obligó a retirarlos. Han pasado más de veinte años y aún no se ha descontaminado la zona.

Página web de la coordinadora de municipios afectados por la mina.

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