Renacimiento: La Mujer en la pintura

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En la iconografía de la pintura del Renacimiento se observa comúnmente los retratos de diosas, ninfas y doncellas como alegorías de lo divino y del poder universal. Es el empleo que del ser femenino, de su singularidad, se usa en la pintura de dicha época sin analizar la severa mirada de la Iglesia.

Y es que, en este periodo vamos a encontrar también textos alusivos al cuerpo de la mujer, un cuerpo que fisiológicamente se entiende como inferior al del hombre y al que hay que educar y que por ello debe existir una guía para su apariencia, vestimenta…, pues por ejemplo, los polvos, perfumes, etc, son vistos desde la Iglesia como signo de vanidad y lujuria, ante lo cual se requiere siempre discreción. En este contexto que se observa, de rechazo al cuerpo, de su estética y belleza, la pintura, testimonialmente, acusa las tensiones y ambigüedades del discurso ideológico de la Castilla moderna.

El hecho de los retratos femeninos ya sea como diosas u otro tipo de seres divinos, como preciosas doncellas, etc, surge de la inspiración italiana. En cambio este tipo de vista hacia la mujer es, como se ha comentado anteriormente, rechazado por parte de la Iglesia que sólo propaga la idea de la mujer como el reflejo de “Eva Pecadora”. Así vemos como se adquieren en esa época, en el Siglo de Oro, las vinculaciones de las mujeres con la vida cristiana, mostrándolas como ejemplos a seguir, dibujando a santas, célebres mujeres católicas, monarcas cristianas, La Virgen María,… que sirvan de ejemplo ilustrativo.

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